Por Rubén Romero
El mundo del atletismo sabe que la distancia oficial del maratón es 42 kilómetros y 195 metros, o de la manera en la que fue concebida: 26 millas y 385 yardas. Pero, ¿qué fue lo que originó esa medida que en lo deportivo ha alcanzado un significado legendario y en algunos casos heroico?
Aunque hay varias versiones de los cómos y los por qués de esa definición, que no deja de ser un tanto arbitraria, en lo que sí hay un consenso es en que se originó en los Juegos Olímpicos de Londres en 1908, hace justamente 100 años.
Los Juegos Olímpicos de 1908 se habían asignado a Roma, pero una erupción del Vesuvio ocurrida en 1906, ocasionó en Italia severos daños humanos y materiales. Italia se avocó a reconstruir los destrozos provocados por el volcán, y en los Juegos Intercalados de Atenas 1906 anunció que no podría seguir adelante con la organización de los Juegos de 1908.
A menos de dos años de la fecha, Londres se ofreció a organizar los Juegos Olímpicos de 1908, confiados en que la calidad de su deporte amateur los llevaría a tener buenos resultados.
La intención de los organizadores de los Juegos de Londres fue que el trayecto de su maratón semejara al recorrido del maratón de los Juegos Olímpicos de Atenas de 1896, el cual se inició en el lugar de la batalla de Maratón para llegar a la gran capital, con el que se honró la hazaña de Filípides, el soldado que corrió esa distancia para anunciar el triunfo de los griegos sobre los persas.
A eso se le matizó con el que la salida y la meta se ubicaran en sitios relacionados con la realeza británica, ya que el Rey Eduardo VII y la Reina Alexandra habían expresado un interés particular por la prueba del maratón.
En una junta del Comité Olímpico Internacional celebrada en mayo de 1907 en La Haya, Holanda, se trató de fijar la distancia de la prueba de maratón en 40 kilómetros o en 25 millas, dado que los Juegos de 1908 se celebrarían en Londres, donde las distancias se miden en millas, de acuerdo al Sistema Imperial.
En Atenas 1896 la distancia había sido de 40 kilómetros, en París 1900 fue de 40.260 km., en San Luis, Missouri 1904 fue de 39.996 km. y en los Juegos Intercalados de Atenas 1906 fue de 41.860 km. No había una constante.
La prensa británica mostró gran interés por el maratón olímpico, al igual que algunos clubes deportivos y los oficiales del atletismo inglés, por lo que en 1907 se empezaron a manejar propuestas del trazo y la distancia, así como los lugares de salida y la meta para el maratón olímpico de 1908.
Se propusieron alternativas de 25 millas, y entre las sugerencias de la salida se hablaba de los alrededores del Castillo de Windsor, mientras que la meta la ubicaban en el Estadio de Wembley.
Para encausar todas estas ideas se designó a Jack Andrews, secretario del club de corredores “Sabuesos Politécnicos” (Polytechnic Harriers) de Londres, con el fin de llegar a una definición final del trayecto y organizar el maratón.
Andrews propuso una ruta de 24.5 millas, con la salida en el “Long Walk”, una avenida cercana al Castillo de Windsor, y la meta ubicada dentro del Great White City Stadium, el cual fue construido especialmente para los Juegos Olímpicos y se ubicaba en la municipalidad de Shepherd's Bush.
Cuando se dio a conocer esa ruta, el Periódico Evening News de Londres anunció su intención de organizar una carrera profesional (con premios en efectivo) sobre ese mismo recorrido.
Eso no le agradó a Andrews, quien prefirió evitar la comparación de los resultados de una carrera profesional con los del maratón olímpico, la cual debía mantenerse totalmente amateur, además de que el trayecto pasaba sobre unas vías férreas. Adrews optó por redefinir el recorrido.
El resultado fue una distancia de 26 millas, medidas desde la salida en el Long Walk hasta la entrada del Estadio, más una vuelta completa a la pista, que era de 586 yardas y dos pies, lo cual ubicó la meta frente al Palco Real.
La pista del Estadio Olímpico medía esa distancia con el fin de que tres vueltas completas sumaran una milla, y de esa manera se cumplió con que el inicio y la meta del maratón estuvieran ubicados en sitios relacionados con la realeza.
Al dar a conocer ese trazo, se cuestionó la salida en Long Walk por parte de las autoridades atléticas británicas, ya que por tratarse de una avenida abierta al público se temía perder el control sobre la gran cantidad de espectadores que se esperaban, lo que podría estorbar a los corredores.
Aparte de eso, la familia real tenía interés en que los hijos de la princesa de Gales presenciaran el arranque del maratón, ya que ella misma participaría en el disparo de salida. Por lo anterior, se optó por cambiar la línea salida a un lugar ubicado dentro de los terrenos del Castillo.
Para eso se eligió la Terraza Este del Castillo, frente al balcón de la guardería real, a 700 yardas de la estatua de la Reina Victoria, en un área en la que no habría espectadores.
Pero el cambio de la línea de salida vendría a generar una gran polémica entre los historiadores del maratón olímpico de Londres, ya que al cambiar la salida del Long Walk a la Terraza Este del Castillo, pudo haberse cometido un error.
En una placa colocada en la pared de una construcción antigua, en una esquina que está localizada cerca del puente Barnespool, hay una leyenda que advierte: “Marathon 25 miles, 40.2 Kilos”, lo que significa que a partir de ese lugar faltaban 25 millas para llegar a la meta.
A diferencia de cómo se usa en la actualidad, los señalamientos indicaban a los corredores las millas que faltaban, y no las que habían cubierto.
John Disley, uno de los fundadores del Maratón de Londres, se dio a la tarea de medir la distancia que hay entre esa referencia y el lugar de la salida del maratón de 1908, y se encontró con que al reubicarla se cometió un error de 174 yardas (159 metros). A aquella primera edición del maratón se quedó corta con respecto al anuncio de la distancia oficial.
Otro cambio ocurrió en la pista del Estadio cuando los organizadores se dieron cuenta que la entrada principal no podría ser usada para el maratón, ya que había sido adaptada para los carruajes de los invitados especiales. Esto los obligó a utilizar una entrada alternativa, ubicada en el lado opuesto al Palco Real.
Respetando que la distancia del Castillo al Estadio se mantuviera en 26 millas (en ese momento ignoraban que les faltaban 174 yardas), se mantuvo la meta frente al Palco Real, pero a fin de que los espectadores pudieran ver por unos metros más a los corredores, se decidió que al entrar a la pista se corriera a favor de las manecillas del reloj, contrario a lo usual. De aquí resultaron las 365 yardas adicionales a las 26 millas que se corrieron fuera del Estadio.
El italiano Dorando Pietri fue el primer corredor en entrar al Estadio y el primero en cruzar la meta el día del maratón olímpico. Empezó a correr en contra de las manecillas del reloj pero fue advertido de su error por los organizadores, por lo que hubo de regresar sobre sus propios pasos.
Pietri se desplomó exhausto cinco veces al tratar de cubrir las 385 yardas, y fue descalificado por recibir ayuda de los organizadores al cruzar la meta, por lo que el ganador del maratón olímpico de 1908 fue el estadounidense John Hayes.
Curiosamente, si los organizadores hubieran optado por la alternativa más corta, corriendo en contra de las manecillas del reloj, el italiano pudo haber sido el ganador. Curiosamente también, ninguno de los participantes en ese maratón cubrió la distancia completa, ya que faltaban las 174 yardas.
Pietri y Hayes se volvieron a enfrentar el 25 de noviembre de ese mismo año en un carrera celebrada en Nueva York, con motivo del Día de Acción de Gracias, sobre una distancia de 26 millas 385 yardas, ahora sí correctamente medidas. El italiano resultó ganador, por lo que pudiera decirse que Pietri fue el primer corredor que cubrió esa distancia de manera cabal.
Otro dato interesante es que el reporte oficial de los Juegos Olímpicos de Londres 1908 tiene un error que pudo haber sido inducido por el Periódico The Times, de Londres. El 22 de julio de 1908 publicó que la distancia del maratón olímpico sería de 26 millas y 385 yardas, “equivalente a 42 kilómetros y 263 metros”, 68 metros más que el resultado de la conversión correcta a 42 kilómetros y 195 metros.
Esa distancia no se utilizó en los siguientes dos maratones olímpicos: Estocolmo en 1912 y Amberes en 1920. Sin embargo, en el Congreso de la Asociación Internacional de Federaciones Atléticas, IAAF, que se celebró en Ginebra en 1921, se acordó que la distancia oficial del maratón olímpico seria la que se usó en Londres 1908, y por primera vez fue utilizada de manera oficial en los Juegos Olímpicos de Paris en 1924.
La IAAF no reconoció como “récords” los cronometrajes registrados en los maratones hasta el año 2000, en que aceptó como confiable el procedimiento de medición de trayectos de la Asociación Internacional de Maratones y Carreras de Ruta, AIMS, basado en el “contador Jones”, por lo que antes de ese año se designaba los resultados de los maratones como “mejores marcas”, y a partir del año 2000 los acepta como “récords”.
La distancia de 42.195 kms. o 26 millas y 385 yardas se ha convertido en un símbolo de reto y superación para la humanidad. Ha servido de inspiración a millones de personas alrededor del mundo para ponerse a prueba y demostrase a sí mismos aquello de los que son capaces cuando se lo proponen. El Barón de Coubertín debe estar feliz.